Publicado el Víctor Picó Knörr

La fábula de los pingüinos motoristas

Érase una vez una colonia de pingüinos que vivían muy lejos unos de otros. Como vivían lejos, todos los años celebraban una reunión anual en un bosque y se desplazaban hasta allí en motos, ya que no podían volar. La reunión solía celebrarse siempre en invierno, puesto que eran las fechas en las que gracias al frío los pingüinos se sentían más cómodos, y miles de ellos viajaban durante horas para relacionarse con otros pingüinos y con el resto de animales del bosque en el que anidaban.

Por desgracia, en aquel bosque, vivía una bandada de cuervos a los que no les gustaban los pingüinos. Los cuervos podían volar y creían que los ruidosos aparatos que utilizaban los pingüinos para desplazarse ensuciaban su bosque. Por eso, intentaron convencer al resto de animales de que echaran a los pingüinos.

Pero el resto de animales no estaba de acuerdo, porque convivían a ras de suelo con los pingüinos: hablaban con ellos, se relacionaban e intercambiaban alimentos. Los pingüinos nunca llegaban con las manos vacías. Con su llegada cada año, traían frutos de todas partes del mundo, ayudaban a los animales enfermos de la zona y regalaban cosas a los más necesitados. Además, se preocupaban mucho de que el bosque no se estropeara a su paso. Tanto es así que los animales del bosque hicieron que la visita anual de los pingüinos fuera, no sólo una fiesta para su bosque, sino para toda la región.

Pero aquello no detuvo a los cuervos.  Ellos consideraban que el resto de animales no sabía lo que era bueno para el bosque, pero sobre todo, odiaban al líder de los animales del bosque; un lenguaraz mapache que llevaba muchos años gobernándolo y que siempre apoyaba a los pingüinos.

Esto llevó a los cuervos a pensar que el mapache era amigo de los pingüinos, cuando en realidad lo único que quería era lo mejor para el bosque; así que declararon su enemistad a toda la bandada de pingüinos y, con la excusa de mantener limpio el bosque, trataron de impedir por todos los medios que se celebrara una nueva reunión el siguiente año. Para ello, acudieron a la máxima autoridad que habitaba entre aquellos árboles y el único que podría llevar la contraria al resto: la anciana tortuga druida.

Muchas fueron las veces que los cuervos fueron a quejarse a la tortuga, pero ésta, siguiendo las leyes del bosque, escritas en lo más profundo de la raíz de un olmo, no les hizo caso. Un día, tras una gran insistencia de los cuervos, la tortuga encontró una marca en el tallo del árbol en la que, se decía, que existía una zona protegida en el bosque en la que los pingüinos no podían anidar y lo habían hecho.

Ante esta circunstancia, los pingüinos trataron de buscar otro emplazamiento a tiempo para la siguiente reunión, pero ya era demasiado tarde. No ayudó que el resto de animales trataran de facilitarles las cosas; el invierno estaba ya demasiado cerca y no se podían llevar a cabo los preparativos para la reunión. Así, se quedaron sin su anidamiento habitual en aquel bosque.

Los pingüinos motoristas, aunque tristes por no poder llevar a cabo su anidamiento anual, buscaron otros sitios a los que viajar con sus motos y siguieron felices compartiendo sus buenos momentos en lugares lejanos. Viajaron tanto, que llegaron a descubrir zonas incluso mejores que su anterior bosque, pero nunca olvidaron su viejo lugar de peregrinación, porque habían creado un vínculo especial durante muchos años con el resto de animales que vivían entre aquellos árboles.

Lejos de deprimirse, los animales del bosque empezaron a preparar la reunión de los pingüinos del año siguiente. Esta vez en un lugar mejor, con más ganas, energía y dedicación que nunca. Todos los animales colaboraron para que el año siguiente la llegada de los pingüinos fuera la mejor de la historia, conscientes, de que tenían la oportunidad de demostrarles que el odio de los cuervos era injustificado.

Mientras tanto los cuervos siguieron aislados en lo alto de los árboles del bosque, vigilando que nadie hiciera algo que no les gustara. Creyeron que evitando que los pingüinos llegaran un año a su bosque habían ganado una batalla, cuando la realidad era, que habían perdido hace tiempo la guerra.

Vssssss

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