Publicado el Julio Pérez Tomé

Para “startups” con mucho entusiasmo (precisamente por eso)

“Yo emprendo, tu emprendes, él emprende, nosotros emprendemos…” y, por lo tanto, lo raro ahora es que tú mismo, querido lector, no emprendas o estés cerca de alguien que no le haya dado por ahí. Da igual que sea por imperativos de la situación económica o por la propaganda gubernamental: el caso es que hasta el más parado –disculpa el juego de palabras– se lo ha planteado, si es que aún no ha empezado ya con los papeleos.

Vamos a ver porque esto de startup, además de inglés, suena a aventura con todo lo que tiene de atractivo; pero por eso mismo emprender es sinónimo de riesgo, sacrificio, esfuerzo, inversión y todo lo que te lleve a rumiar algo del tipo “a ver qué pasa con nuestras vidas de aquí en adelante”… si con suerte aún no has entrado en fase de insomnio.

No seré yo quien te desanime hacia la emprendeduría porque desde que pisé la universidad soy emprendedor, primero por afición hasta que descubrí que también lo era por vocación; vamos, que lo llevaba en los genes sin saberlo. Así que si alguien va a defender al emprendedor ese soy yo.

Y por eso mismo, tratándose de un blog de seguros, la idea es que pongas a buen recaudo lo mucho que se juega todo emprendedor. Sin salir del mundo de la emprendeduría los seguros se ha fijado especialmente en un tipo de proyectos específicos, caracterizados por su capacidad innovadora y que se identifican bajo la rimbombante etiqueta de startups de base tecnológica. Son iniciativas que dependen en gran medida de internet y que basan su modelo de negocio en la aplicación de soluciones sobre múltiples plataformas a través de variopintos sistemas y herramientas tecnológicas.

El sentido de este tipo de pólizas radica en el capital aportado, desde el talento humano y el tiempo invertido por profesionales hasta los elementales recursos económico necesarios para poner en marcha ideas tan novedosas que es complicado augurar si el desenlace será de éxito o de fracaso. Los seguros pretenden cubrir las contingencias de su operativa diaria de manera que salvaguarde el arranque y continuidad mientras llegan los ingresos recurrentes.

Más específicamente los seguros para startups se vinculan a cubrir las sanciones por incumplimiento en el tratamiento de datos (LOPD), el posible accidente de los creadores ya que sin ellos sería inviable o reclamaciones de terceros. ¿Te sorprende? Probablemente, precisamente porque pocas empresas que empiezan desde cero se lo plantean.

Sin embargo, el panorama es inmenso e inquietante al comprobar que el riesgo es muy, muy real y tangible. Al desarrollar actividades con webs transaccionales, tecnología cloud… en general, se maneja una base de datos de clientes y entonces es más que probable que alguien presente una denuncia ante la Agencia de Protección de Datos. No digo que tenga que ocurrir necesariamente, pero aproximar datos personales y tecnología es un factor de riesgo sí o sí.

Contar un seguro de responsabilidad civil LOPD es más que razonable, es casi imprescindible y mucho más rentable de lo que imaginamos teniendo en cuenta las fortísimas sanciones que prevé la ley. Hasta comercialmente se trata de una estrategia interesante e inteligente que evitará quebraderos de cabeza y –no lo desestimes– quiebras económicas que arrastre a toda la empresa. Paradójico sería que un proyecto posicionado como startups –se supone que persigue aumentar rápidamente su valor en el mercado–, lo pierda todo en un abrir y cerrar de ojos. Si tienes un proyecto (lo llames o no startup), ponlo, ponte, a salvo.

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