Publicado el Pablo Garcia

#postureodiésel

#postureo es un neologismo reciente y que se propaga por las redes sociales. Consiste en algo que se hace o que se dice cuando lo que pretendes, más que ser honesto, es seguir siendo como la mayoría. Es decir, en posar y no ser “natural” dejándose llevar por las apariencias. Si tenemos en cuenta que actualmente un 65% de los coches nuevos que se venden son diésel, a pesar de que sean más caros frente a uno de gasolina y que para amortizar ese gasto mayor al principio hay que hacer una cantidad bastante grande de kilómetros al año, ¿cabe la posibilidad de que practiquemos el #postureodiesel?

Antes de intentar encontrar una respuesta a esa pregunta, vamos a contextualizar brevemente el origen y parte de la evolución del uso del motor diesel. Éste nació a finales del XIX como alternativa a la gasolina y para uso prioritario en maquinaria industrial, agrícola y camiones y autobuses. Los primeros motores diésel se caracterizaban por tener una escasa potencia en relación a su cilindrada pero en cambio ofrecían durabilidad y resistencia. Durante 50 años, los coches diésel se usaron principalmente como taxis y por conductores que hacían un gran número de kilómetros al año, puesto que la variable consumo, precio del combustible, y fiabilidad y durabilidad del motor salía a cuenta a pesar de que siempre fueron más caros de comprar que un auto de gasolina.

Ahora bien, si nos centramos en nuestro país, la década de los 90 supuso una auténtica revolución la aparición de los motores turbo diésel. En principio se dejaban atrás los lentos, ruidosos y poco “divertidos” motores de gasoil de antaño. Apoyados en los poderosos influjos del márketing y la publicidad en pos del diésel, (recordemos los gráficos claims o reclamos como por ejemplo “diese el gustazo”, “dieselízate”) se produjo un cambio en el gusto de los consumidores. Ayudados claro está por un galopante precio de la gasolina y una necesidad de ahorro a lo largo del tiempo. Y se produjo el cambio de tendencia, llegando a un pico de que cada diez coches vendidos, siete eran diesel. El porcentaje actual, en concreto desde enero a junio de este año es de 65% de diésel frente al 35% de gasolina (dentro de los últimos, incluimos el ínfimo 1% de híbridos y eléctricos). Poco ha cambiado el panorama por tanto.

Lo cual me hace reflexionar y preguntarme qué es mejor, ¿diésel o gasolina? Como casi siempre… depende.

Depende de  cuánto estemos dispuestos a gastar y qué uso le vamos a dar al vehículo ya que genera gastos y no beneficios. Pero al lío, y sin entrar en infinidad de casuísticas… si no vas a hacer más de 20 ó 25.000 kms al año, cómprate un gasolina, porque es más barato, el mantenimiento y reparaciones son más económicas, y la gasolina ya no es tan cara respecto al gasoil; además es menos contaminante y menos perjudicial para la salud. Es cierto que los diésel emiten menos CO2 al la atmósfera, pero sí se hacen más kms, la cantidad termina equiparándose a la de un gasolina. Y por otro lado, y muy a tener en cuenta; siendo concisos, el motor diésel emite unos gases por el tubo de escape más nocivos para la salud que un gasolina. En concreto, partículas en suspensión, que afectan al sistema respiratorio, y óxidos de nitrógeno (NO2) que resultan cancerígenos en altos grados de exposición. Es cierto que los esfuerzos de los fabricantes para eliminar la expulsión de partículas a través de diferentes tipos de filtros es loable, pero aún no están en una posición como para afirmar libremente que los humos del diésel no son perjudiciales para la salud.

¿Qué haría yo? Creo que lo más adecuado, y sobre todo, eficaz, es reflexionar muy bien acerca de los usos se le van a dar al automóvil. Tened en cuenta que tampoco es necesario un coche con motor diésel si la conducción va a ser eminentemente urbana, ocasional y con uno o dos ocupantes en la mayoría de las veces. Es más, en ese caso concreto lo mejor sería un coche pequeño, un utilitario de motor de gasolina. El coche diésel sólo es mejor si vas a realizar muchos, muchísimos más kilómetros de los que la mayoría de los conductores realizan. No voy a adentrarme en el subjetivo mundo de si es más “real” y “divertida” la conducción de un gasolina frente a un diésel (por mucho turbo) que éste lleve. Pero sí apelaré a la compra concienciada con el medio ambiente, y la salud, tanto la nuestra como la de los que nos rodean.

Y termino sin revelar qué coche me compraría yo… Soy bastante infiel y cambio cada semana de gustos, y mientras escribo estas palabras… sueño con un Honda CRZ. Y vaya… ese coche, además de no venderse nuevo ya, no es ni gasolina, ni diésel… ¿será que yo soy de esos de #postureohíbrido?

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