Publicado el Francesca Antimi

Seguros y obras de arte: el rescate del Códex Calixtinus
La Historia del Arte está llena de robos inexplicables y de recuperaciones inesperadas. El episodio más reciente que hemos vivido en España ha sido el rescate del Códice Calixtino, una obra de arte de valor incalculable.

Durante el verano de 2011, los responsables del archivo de la Catedral de Santiago de Compostela se dieron cuenta de la desaparición del Códice Calixtino, un volumen que data de mediados del siglo XII y compuesto por cinco libros a modo de guía para los peregrinos de la época.

Tras dar la voz de alarma, las investigaciones policiales señalaban como responsable a un antiguo electricista de la Catedral que, supuestamente por venganza debido a la negación de una indemnización por despido, pudo haber cometido el robo gracias a su conocimiento de cada rincón, de unos sistemas de seguridad insuficientes y de disponer de acceso a casi todas las dependencias.

Finalmente, el 4 de julio de este año, la Policía concluyó con éxito la operación y apresaron al ladrón, siguiendo las pistas que él mismo había dejado. El Codex Calixtino fue recuperado y devuelto al Museo de la Catedral de Santiago de Compostela.

Esta curiosa historia, y considerando la gran cantidad de obras de arte que existen en el mundo, me ha hecho reflexionar acerca del arte y su seguridad. Por ello, he decidido explicar cómo y bajo qué condiciones se puede asegurar una obra de este calibre.

Primeramente, es importante definir qué es una obra de arte: todos aquellos objetos que por distintas causas se les atribuye un contenido artístico, histórico o cultural, sin importar la época a la que pertenezca; se incluyen en esta categoría cuadros, esculturas, mobiliario antiguo, fotografías y monedas antiguas. Además, debemos distinguir el riesgo que tienen: ilícitos o eventuales, dependiendo de si se trata de hurto, robo, falsificación, daños climáticos, incendios, etc.

Una vez que ya sabemos qué es y cuál es su riesgo, debemos comprobar el tipo de colección, y si sus obras tienen un alto valor de cotización o no. Ya que si es bajo pueden incluirse en el seguro de hogar. Pero si hablamos de exposiciones y colecciones grandes e importantes, la póliza más adecuada es un Todo Riesgo, que proporciona al coleccionista una cobertura sobre su patrimonio y contra cualquier deterioro físico o pérdida durante su transporte, manipulación y exposición de las piezas.

Además si se trata de una exposición pública, el seguro, también conocido como “de clavo a clavo”, garantiza la integridad de la obra tanto en el traslado desde su ubicación original, como en las estancias donde pueda ser ubicado para que el público la vea.

Pero ¿cómo actúan las aseguradoras? Éstas suelen pedir al solicitante del seguro el cumplimiento de unos requisitos mínimos antes de contratarlo. Entre los cuales destacan: la activación de un sistema de alarmas y vigilancia 24 horas para la custodia de obras de arte; datos de autor, título, propietario, beneficiario, medidas técnicas, lugar de ubicación y, finalmente , valor de la pieza.

Un vez expuestos los requisitos, la compañía envía a un experto que se encarga de comprobar el estado de las obras y el sistema de embalaje, informando sobre las medidas de seguridad y las herramienta que ayudarán a proteger de manera efectiva el patrimonio artístico asegurado.

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