Publicado el Pablo Garcia

Viaje con nosotros si quiere gozar

Aprovechando la llegada del verano y la posibilidad de disfrutar de más tiempo libre, os invito a hacer un recorrido por algunos de los libros y películas cuyo contenido está íntimamente ligado al del automóvil. Y de paso remarcar la gran importancia de los coches como algo más que un artefacto que nos lleva de un sitio a otro. Empezamos, pero eso sí, ¡abróchense los cinturones ahora, y siempre!

Las grandes distancias y las buenas carreteras permiten que en EE.UU con 16 años un pimpollo cualquiera pudiera conducir. Aún recuerdo mis planes de que con 16 recién cumplidos viajaría al otro lado del Atlántico a sacarme el carné de conducir para usarlo aquí. Vale, sí, “no me llames iluso… “. Porque de ilusión también se vive y si no, que se lo digan a los protagonistas de la novelita “Las ventajas de ser un marginado” de Stephen Chobski. Un escritor que también adaptó y dirigió la película del mismo nombre donde la célebre frase que sigue llenando miles de tumblrs, “en ese momento éramos infinitos”, supone la más gráfica exaltación de la amistad de los diecitantos. Y es que no es lo mismo sentir un vínculo así montado en la parte trasera de una monstruosa pick up, como darse cuenta de que los momentos por muy infinitos que sean, no dejan de ser momentos finitos. Como les ocurre a nuestros antihéroes de la furgo del siguiente libro que comentamos. Nos referimos a “Cuatro amigos”, de David Trueba y a la representación patria de la amistad a los ventimuchos años,  justo cuando han de adentrarse en el mundo adulto. De esta novela no hay película, y ni la habrá (según su autor y a pesar de que se lo pidan con frecuencia). Aún así las aventuras de su personaje principal Solo, y sus otros tres amigos ocupan un buen lugar en la memoria de muchísimos lectores de medio mundo. Entre los que me incluyo. Cada vez que veo una desvencijada Nissan Vanette recuerdo inmediatamente el tragicómico verano metidos en una furgoneta con olor a queso de Blas, Raúl, Claudio, y Solo. 

Pero si hay una película donde los autos chupan cámara y además salen guapísimos es Dos en la carretera(1967), dirigida por Stanley Donen y escrita por Frederic Raphael. Sus protagonistas son Audrey Hepburn y Albert Finney. Y ambos sostienen durante toda el film una ejemplar radiografía de los diferentes estados por los que puede pasar una pareja que se quiere, pero que no siempre está enamorada. Sus personajes llamados Mark y Joanna rivalizan en encanto con los diferentes autos que emplea el dúo en las distintas fases de su relación. Hay que destacar el Morgan MG (1950), el Triumph Herald descapotable, y finalmente el esplendoroso Mercedes 230 SL “Pagoda”. Auto con el que la pareja evidencia su ascenso social y económico pero también su desgastada relación. Y si no les gustan las pelis de tequiero-notequiero-depende, pueden disfrutar de los paisajes de la fotogénica costa Azul, y de la monumental vieja Europa que se ven, aderezados de una más que bonita música de Henry Mancini.

Pero no todo van a ser historias de iniciación sentimental, o de descubrimiento de los sin placeres adultos. Una de las principales paradojas del automóvil, si tenemos en cuenta que su principal función es la de transportarnos eficientemente de un lugar a otro es la de… ¿qué pasa cuando estamos metidos en un atasco? El escritor argentino Julio Cortázar usó ese punto de partida y lo llevó al extremo. Y le salió un cuentazo. El título del relato es “Autopista del sur” y a partir de la creación de uno de sus microcosmos característicos, Cortázar da un buen repaso metafórico a los incipientes vicios de la clase media. A partir de un tremendo embotellamiento durante una operación retorno veraniega, el autor retiene a una amplia amalgama de personajes durante varios meses. Sí, han leído bien. El literato argentino se recrea en las dificultades que estos tienen para relacionarse y sobrevivir durante todo ese tiempo. Y todo esto, sin nombrar a ningún personaje por su nombre, o sí, pero en este caso sus nombres están dados por el modelo de coche que conducen.

Terminamos recordando que viajar es el destino. Dejamos en el camino un número ingente de otras buenas referencias automovilísticas en el cine y literatura. Esperemos que las obras comentadas sirvan para despertar la curiosidad al lector, aficionado o no al mundo del automóvil, y que sobre todo, sirvan para que se dé cuenta del lugar tan importante que los coches ocupan tanto en el arte como en nuestra vida.

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