Seguros de coche a todo riesgo sin franquicia

Entre todas las formas de asegurar un coche, la forma más completa de hacerlo es en el modalidad de seguro a todo riesgo, que se compone de todas las coberturas que puede ofrecer una compañía de seguros, justo en el lado contrario del seguro a terceros, el más sencillo. Es, lógicamente, el de la prima más elevada, aunque siempre se puede acceder a un seguro a todo riesgo con franquicia que abarata la prima, aunque la parte de los daños con el coste hasta la franquicia establecida corre de cuenta del asegurado.

Así pues, no sólo cubre los daños que el cliente pueda ocasionar en un accidente a un tercero, tanto materiales como personales, algo que es de cobertura obligatoria, sino que también ofrece garantías sobre los daños en el propio vehículo y también personales, del conductor y ocupantes.

Estos seguros tienen, por tanto: responsabilidad civil obligatoria, responsabilidad civil voluntaria, asistencia en viaje, seguro de accidentes del conductor, defensa jurídica, cobertura de robo, lunas e incendios y finalmente, daños propios, la gran diferencia frente a los seguros a terceros.

Se trata de una cobertura que garantiza una indemnización por el daño ocasionado al propio coche, ya sea por rozadura o colisión sin intervención de terceros o en un siniestro con un tercero involucrado al que no es achacable el accidente. Generalmente se cubre la carrocería y accesorios que vengan de serie, y sólo algunas compañías cubren también, previa declaración, aquellos que se han instalado posteriormente a la compra del coche.

Para su valoración, al igual que en robos e incendios, se suele aplicar el valor a nuevo del coche durante un periodo determinado, de uno o dos años de antigüedad, y a partir de ahí, el valor venal o de mercado del vehículo de segunda mano en función de los años que tengan. Los neumáticos sólo suelen estar cubiertos si se dañan en colisión con un tercero.