Publicado el Raquel Jara Ribera

¿Cocos o melocotones?

Hace unos años me encontraba haciendo un curso en un famoso centro de reconstrucción de accidentes. Teníamos una clase práctica sobre carrocerías, por lo que seguimos al profesor hacia una explanada al aire libre anexa al centro, donde se guardaban diversos vehículos accidentados. Conforme nos dirigíamos hacia un grupo de coches algo alejados, el profesor nos explicaba que cada vehículo que se encontraba allí, había sido estudiado minuciosamente, y les había enseñado cómo salvar vidas en los nuevos vehículos que se diseñaban.

Cuando llegamos a la zona elegida, el profesor centró sus comentarios en tres grupos de automóviles: el primero estaba formado por tres vehículos antiguos, y su carrocería estaba relativamente bien. El segundo grupo lo componían automóviles que estaban completamente deformados, eran irreconocibles. El tercero presentaban deformaciones importantes en las partes delantera y trasera, pero el habitáculo de seguridad (zona del conductor y pasajeros) estaba intacto. Tras dejarnos unos minutos revisar los vehículos, llamó nuestra atención desde el grupo de los tres automóviles que estaban mejor conservados. En ese momento nos preguntó ¿cocos o melocotones?

Todos sonreímos perplejos ante una pregunta tan extraña. El profesor matizó: si fueran a tener un accidente frontal contra otro vehículo similar, pongamos a 60 Km/h, y pudieran elegir uno de los 3 tres grupos de automóviles que estamos viendo, ¿cuál sería el suyo?

Estaba claro que nadie iba a elegir el grupo de coches que estaba totalmente destrozado. Era evidente que cualquier persona que fuera en uno de ellos, saldría gravemente herido. La duda estaba entre el grupo primero y tercero, y así lo captó el profesor, que aprovechó para aclarar su comentario diciendo: ustedes dudan entre el grupo primero, cocos los llamó, y el tercero, melocotones ¿verdad? Cogió una barra de hierro que había en el suelo, y golpeó con fuerza uno de los “cocos”. La barra rebotó acompañada de un ruido fuerte, deformando apenas la carrocería. Luego se dirigió a un “melocotón”, y volvió a hacer lo mismo. En esta ocasión la barra apenas rebotó y produjo una deformación considerable a la carrocería.

Dejó la barra en el suelo y nos dijo: si ustedes viajaran en el primer grupo, es decir, en un vehículo con una carrocería sólida e indeformable, como un coco, habrían sufrido graves lesiones; ya que la energía liberada en el impacto se habría transmitido directamente al habitáculo y sus ocupantes. Por el contrario, en un vehículo con carrocería delantera y trasera deformable, como un melocotón, la energía liberada en la colisión se habría disipado en gran medida al “arrugarse” estas estructuras, por lo que la posibilidad de sufrir lesiones es mucho menor.

El profesor se acercó al habitáculo del coche, y dijo: ¡abramos ahora el melocotón! ¿Cómo es la parte externa de su semilla? Ésta es extremadamente sólida para proteger su contenido. Tomen nota, así se diseña un coche que proteja a sus ocupantes en un accidente: zonas delantera y trasera deformables, habitáculo de seguridad indeformable, y laterales reforzados. Pero... cuidado ¡los melocotones maduran y se estropean pasado un tiempo! y a las carrocerías le pasa lo mismo. Transcurridos unos 10 años, es muy probable que nuestro melocotón se haya transformando en un coco.
Aquella clase fue muy didáctica, y nunca más se me olvidó el concepto de que una carrocería deformable reduce las lesiones, pero con el paso de los años pierde su efectividad.

Y es ésta una de las cuestiones de gran actualidad en el sector automovilístico. Ya que la compleja situación económica por la que estamos pasando está provocando mayor envejecimiento del parque de automóviles. En total, casi un 47% de los coches tienen más de 10 años en nuestro país. Recientemente la Directora General de Tráfico ha manifestado que está dispuesta a apoyar cualquier iniciativa que impulse de una manera continua el recambio de la flota de automóviles. Por consiguiente, es una cuestión de seguridad vial para el país el no esperar a que los melocotones se transformen en cocos.

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